Han pasado ya 3 meses desde que escribí mi última entrada en este cuaderno de bitácora. Si te digo la verdad, no te he echado de menos. Tú siempre has sido el confesor de mi particular iglesia. Tú siempre acogías mis lamentos, mis lloros y mis logros, y sin embargo te has quedado fuera de juego en cuanto el partido ha echado a correr.
Tanto tú como yo sabemos que has sido clave en muchos momentos del año. Te contaba las cosas que no podía contar a nadie más, en forma de metáforas o realidades disfrazadas, que tapaban algo que no se podía saber. Si por algo te estoy agradecido es porque creo que tú fuiste una de las primeras piedras de este rascacielos en el que se ha convertido esta relación. Pero desde aquí arriba, en el lugar donde me siento a reflexionar mientras me da el viento en la cara (también conocido como "estar en las nubes"), no veo el suelo, y tú estás en los cimientos. Importante, claro está. Pero ahora debo tratar de cuidar la fachada, que es la parte más bonita de todo esto.
Por ello trato de regar las plantas asiduamente, y limpio los cristales los días que no hay actividad dentro. Pero es cierto que muchas veces necesito algo más de vida en el interior. Sé que es verano, y que las oficinas se quedan semidesiertas, pero eso no quita que las ganas de que todo vuelva a la normalidad sean cada vez más grandes. Empujones, voces y mordiscos. Nunca pensé que los echaría de menos.
Con tanto silencio hay mucho tiempo para pensar. Y para preguntarme por qué sigo siendo celador en vez del director de la compañía. Pero bueno, ahora que he terminado la carrera, creo que podré ir centrándome más en mi carrera personal. Anhelo un puesto, que me otorgará cierto poder y al que sólo podré acceder aprobando las mil oposiciones que forman una vida.
El poder de ser feliz, ni más ni menos. El poder de saber que he llegado a donde quería llegar. Dicen que lo importante es llegar, y no cuando, así que deberé tener cuidado de no tropezarme en los escalones rotos que me vaya encontrando por el camino. Ganas seguro que no me faltan.
Por fin he encontrado qué quiero ser de mayor. Ser su vida, ser su todo. Así que con tu permiso, pequeño blog, seguiré haciendo la pelota a la jefa, contándole aquellas cosas que me pasan por la cabeza. Al fin y al cabo, es ella la que decide.
24 de agosto de 2010
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