5 de noviembre de 2011

¿Hay alguien aquí?

Abrir este blog ha provocado los mismos crujidos que una vieja puerta de madera, ahuecada por la humedad, causa en una casa abandonada. Paseo por las distintas estancias alucinado, con linterna en mano para salvar la oscuridad que ahora aflora dentro de estas líneas.

Se oyen voces, pequeños ruidos y gruñidos al final del pasillo. Por debajo de la puerta asuma una luz tenue pero bonita, atrayente y misteriosa. Detrás de esa simple barrera quizás esté la felicidad y lo que se oye sea una fiesta. O quizás lo que espere sea una antesala del infierno. Y para eso me quedo aquí.

Doy pasos acariciando los sofas con polvo donde me sentaba a escribir antiguamente. Hago dibujos en la suciedad del mueble donde se encuentra la foto, con el cristal roto, de aquel bonito viaje por el norte de España.

Entro en su habitación y la veo despoblada. Ya no cuelga el corcho que yo observaba cuando le visitaba por las mañanas. Ya no hay fotos que descubrir, ni colgantes que acariciar. Parece como si todos los bonitos recuerdos se hubieran empaquetado rumbo a Toledo. Es la misma estancia, el mismo cuarto, pero antes me gustaba más. Más lleno de alegría. Con más colores. Y con más tiempo para observar cómo se preparaba la ropa en silencio, creyendo que estaba dormido cuando en realidad abría un ojo para mirarla sin que lo supiera.

En la cocina aún quedan los restos de nuestras noches jugando a los cocineros. Quedan migas de hojaldre, y botellas de whisky a medio terminar. Ya nos estábamos haciendo mayores, por lo que parece.

Hace mucho frío, y el brasero no funciona. "Tampoco sé ponerlo", pienso en silencio. Me siento en el suelo, arropado por un nórdico que estaba en el cesto de ropa sucia. Aún conserva su olor. Me miro allí sentado, con esa pinta ridícula de hombre de negocios. Con zapatos, corbata y con más dinero en la cartera. Es verdad eso que dicen de que el dinero no da la felicidad

Aparto las cortinas que tapan la calle. Es una época fría, pero aún entran rayos de luz por la ventana. Y aquí pasaré las horas, solo, buscando el botón que ponga en marcha este dichoso aparato...Buscando el calor que en otro tiempo tuve.