Las luces de la calle se cuelan por los agujeros de las ventanas, dibujando divertidas formas en la pared del fondo. Trato de jugar con esas figuras para no dormirme. Hoy debo aguantar todo el tiempo que pueda despierto.
El ruido de la calle se asemeja a las canciones que siempre te hago escuchar. Me dan paz. Sé que mañana no tendré que levantarme con despertador, sé que mañana podremos revolvernos entre las sábanas sin ninguna presión ni ninguna sensación adicional a la pereza de salir de ese micro-clima. Fuera hace frío, y no apetece nada salir de nuestro escondite.
Tú llevas un rato durmiendo. Te oigo respirar y tus caricias hace tiempo que han parado. De vez en cuando te mueves, respiras fuerte o abres los ojos, pero no tienes fuerzas para nada más. Las luces de fuera me dejan ver la parte de cara que no te tapa el pelo. Podría estar mirándote horas, viendo como descansas con esa medio sonrisa puesta. Viendo como aunque fuera de esta habitación el mundo reviente, tú seguirás descansando como un angelito. Es verdad, tienes cara de niña buena.
Pasan las horas y la luz de fuera se empieza a hacer más clara. Cada vez se oye más movimiento en las calles. Todo parece llegar a su fin, hasta que recuerdo que tengo un truco para parar el tiempo. Sólo debo pasar mi brazo por debajo de tu cuello. Tú, con suerte, te despertarás y me mirarás. Acto seguido apoyarás tu cabeza sobre mí, y me apretarás la mano...
Me desperté con las dos manos cruzadas. Tú apretón no era real,y realmente tu mano era la mía.
Hoy has estado presente durante todo el día. Pero ya es tarde. Sé que dentro de pocas horas sonará el despertador de nuevo. Y otra vez toda la maquinaria que es Madrid nos engullirá a todos hasta nuevo aviso. Sin embargo, aun puedo cerrar los ojos, con todas mis fuerzas, para ver si vuelvo a tu lado. No es lo mismo que oír tu risa de verdad nada más despertarme, pero la sonrisa con la que amanezco no me la quita nadie.
18 de abril de 2010
3 de abril de 2010
Desde la distancia
Es ahora cuando ha pasado ya un poco de tiempo, cuando empiezo a darme cuenta de las cosas que he vivido estos días.
Yo, aunque muchas veces no lo parezca, soy un chico bastante reservado, tímido, aunque nunca me ha gustado esa palabra. Soy una persona con dos caras: puede que la primera vez que me veas pienses que soy una persona ausente e incluso borde, y puede que si por alguna razón conectas conmigo, consiga caerte bien y me aprecies desde ese mismo instante.
Siempre he sido receloso de conocer gente nueva. No me gusta la sensación de no tener de lo que hablar, no me gustan esos silencios incómodos. Creo que parte de ese problema viene dado porque no soy consciente de lo que puedo ofrecer a alguien. Aunque para muchas cosas tengo una confianza en mi enorme, para enseñarme tal y como soy es todo lo contrario. De hecho, si me paro a pensar, muchas de las personas que después han sido importantes en mi vida, han cambiado sustancialmente de opinión sobre mí una vez ellos han ido desnudándome por dentro, pero no por lo que yo mostraba de primeras.
Diréis que a qué viene todo esto. Viene a que estas últimas semanas he vivido rodeado de gente nueva, o de gente que he conocido este año. Me he reido, he disfrutado con ellos. He visto como las horas pasaban sin el chirrido que muchas veces me gritan las agujas del reloj para recordarme que estoy muy atareado. Y la verdad, es que me está gustando esta sensación. Sé que se me están yendo de las manos muchas cosas, pero ¿y si realmente soy feliz así?
Volví hace unos días de Santander. Allí conocí a alguien totalmente distinto a nosotros. Una persona que nos mostró su tierra con orgullo, y que nos hizo sentir como en casa en todo momento. Hemos estado en sitios que nunca habríamos imaginado, andado por sitios de cuento, y visto cosas increibles. Allí estuve además con otra piececita de ese engranaje que es la universidad, y que, poquito a poquito, sin hacer mucho ruido, ha contribuido a que este año sea sin lugar a dudas, el mejor que he vivido allí. Me ofreció su casa como si me conociera de toda la vida, y hace apenas unos meses no sabía ni mi nombre. Gracias Mario, y gracias Julia. Tenemos pendientes otros días allí.
Y sí, también estuve con ella. Creo que es la vez que mejor me he sentido en mucho tiempo. Es realmente bonito tener un hombro en el que apoyarte, para que se te caigan las lágrimas que están en suspensión. Es bonito llorar sin saber muy bien por qué, pero sabiendo que no es por nada malo. Es bonito despertar y que esté ahí.
Es precioso echar de menos todo esto. Al igual que lo es este lugar:
Yo, aunque muchas veces no lo parezca, soy un chico bastante reservado, tímido, aunque nunca me ha gustado esa palabra. Soy una persona con dos caras: puede que la primera vez que me veas pienses que soy una persona ausente e incluso borde, y puede que si por alguna razón conectas conmigo, consiga caerte bien y me aprecies desde ese mismo instante.
Siempre he sido receloso de conocer gente nueva. No me gusta la sensación de no tener de lo que hablar, no me gustan esos silencios incómodos. Creo que parte de ese problema viene dado porque no soy consciente de lo que puedo ofrecer a alguien. Aunque para muchas cosas tengo una confianza en mi enorme, para enseñarme tal y como soy es todo lo contrario. De hecho, si me paro a pensar, muchas de las personas que después han sido importantes en mi vida, han cambiado sustancialmente de opinión sobre mí una vez ellos han ido desnudándome por dentro, pero no por lo que yo mostraba de primeras.
Diréis que a qué viene todo esto. Viene a que estas últimas semanas he vivido rodeado de gente nueva, o de gente que he conocido este año. Me he reido, he disfrutado con ellos. He visto como las horas pasaban sin el chirrido que muchas veces me gritan las agujas del reloj para recordarme que estoy muy atareado. Y la verdad, es que me está gustando esta sensación. Sé que se me están yendo de las manos muchas cosas, pero ¿y si realmente soy feliz así?
Volví hace unos días de Santander. Allí conocí a alguien totalmente distinto a nosotros. Una persona que nos mostró su tierra con orgullo, y que nos hizo sentir como en casa en todo momento. Hemos estado en sitios que nunca habríamos imaginado, andado por sitios de cuento, y visto cosas increibles. Allí estuve además con otra piececita de ese engranaje que es la universidad, y que, poquito a poquito, sin hacer mucho ruido, ha contribuido a que este año sea sin lugar a dudas, el mejor que he vivido allí. Me ofreció su casa como si me conociera de toda la vida, y hace apenas unos meses no sabía ni mi nombre. Gracias Mario, y gracias Julia. Tenemos pendientes otros días allí.
Y sí, también estuve con ella. Creo que es la vez que mejor me he sentido en mucho tiempo. Es realmente bonito tener un hombro en el que apoyarte, para que se te caigan las lágrimas que están en suspensión. Es bonito llorar sin saber muy bien por qué, pero sabiendo que no es por nada malo. Es bonito despertar y que esté ahí.
Es precioso echar de menos todo esto. Al igual que lo es este lugar:
Suscribirse a:
Entradas (Atom)