18 de abril de 2010

Una noche cualquiera

Las luces de la calle se cuelan por los agujeros de las ventanas, dibujando divertidas formas en la pared del fondo. Trato de jugar con esas figuras para no dormirme. Hoy debo aguantar todo el tiempo que pueda despierto.

El ruido de la calle se asemeja a las canciones que siempre te hago escuchar. Me dan paz. Sé que mañana no tendré que levantarme con despertador, sé que mañana podremos revolvernos entre las sábanas sin ninguna presión ni ninguna sensación adicional a la pereza de salir de ese micro-clima. Fuera hace frío, y no apetece nada salir de nuestro escondite.

Tú llevas un rato durmiendo. Te oigo respirar y tus caricias hace tiempo que han parado. De vez en cuando te mueves, respiras fuerte o abres los ojos, pero no tienes fuerzas para nada más. Las luces de fuera me dejan ver la parte de cara que no te tapa el pelo. Podría estar mirándote horas, viendo como descansas con esa medio sonrisa puesta. Viendo como aunque fuera de esta habitación el mundo reviente, tú seguirás descansando como un angelito. Es verdad, tienes cara de niña buena.

Pasan las horas y la luz de fuera se empieza a hacer más clara. Cada vez se oye más movimiento en las calles. Todo parece llegar a su fin, hasta que recuerdo que tengo un truco para parar el tiempo. Sólo debo pasar mi brazo por debajo de tu cuello. Tú, con suerte, te despertarás y me mirarás. Acto seguido apoyarás tu cabeza sobre mí, y me apretarás la mano...

Me desperté con las dos manos cruzadas. Tú apretón no era real,y realmente tu mano era la mía.

Hoy has estado presente durante todo el día. Pero ya es tarde. Sé que dentro de pocas horas sonará el despertador de nuevo. Y otra vez toda la maquinaria que es Madrid nos engullirá a todos hasta nuevo aviso. Sin embargo, aun puedo cerrar los ojos, con todas mis fuerzas, para ver si vuelvo a tu lado. No es lo mismo que oír tu risa de verdad nada más despertarme, pero la sonrisa con la que amanezco no me la quita nadie.

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