Primer entrada de mi blog con un año más. Últimamente me pregunto si escribir aquí vale la pena o no. No soy idiota, y sé que más de uno/a se ha visto influido para mal con las cosas que se han publicado aquí. Es una pena, porque la gran mayoría de las cosas que he escrito se traducen en felicidad. Pero entiendo que hay muchas veces que si tú no eres protagonista de la película, esta pierde su gracia, y el guión se clava como su fuese un puñal. Me gustaría pedir perdón por ello, pero la vida sigue.
Sigue un año más. Hoy me he empezado a dar cuenta de que cada día todo pesa un poquito más. Llevo casi 4 años levantándome (eso contando con que me haya acostado) para trabajar sin apenas dormir, y en unas condiciones que distan mucho de ser las ideales. Dicen que hay que beber para olvidar, y la verdad, cada noche de viernes, sábado o víspera de festivo le dedico una copita (o dos) a Opencor.
Y así, con la cabeza adormilada y el cuerpo revuelto, he salido una mañana más tarde de casa, con prisa, sin tiempo para mirar ni por dónde voy ni con quién me cruzo. Sin embargo, hoy ha sido un viaje en metro especial. Había un grupo de niños que se iban a pasar al día al Retiro. Esta semana me he enterado de que yo también tengo una excursión pendiente a ese mismo lugar. Y con una sonrisa perenne, me he bajado del tren.
De camino hacia la tienda me he dado cuenta de que Delicias es como mi segundo barrio. Me cruzo con gente que he visto una o mil veces. Gente que se me queda mirando sabiendo que llego tarde, sabiendo que dentro de 2 horas me va a encontrar detrás de ese chaleco azul. Me gusta imaginar la vida de esas personas, de las cuales apenas no sé ni su nombre, pero que te dedican una sonrisa y una buena cara cuando te ven. Es lo que hace llevar tanto tiempo allí, que al final le coges cariño y todo.
El día ha sido muy duro, mucha gente había olvidado que los sábados también pueden ser festivos. Pero ha sido una mañana alegre. Por lo simpático que estaba todo el mundo, y por las vibraciones que salián de mi bolsillo de atrás, y que cuando se han traducido en palabras abreviadas en una pantalla, no han hecho más que hacerme feliz.
Ahora por la noche tengo sensaciones encontradas. Lo que todo había empezado bien ha llegado a convertirse en un día más. No he hecho nada especial, y hoy estaba marcado el día en mi agenda como un día bonito. Pero cuando tu felicidad está a kilometros, es difícil buscarla en otras cosas. No me gusta esta sensación de estar atado a Madrid. A veces me gustaría poder volar de aquí.
Como ahora mismo. No sé que estarás haciendo, pero seguro que lo estás pasando bien. Eso me consuela, aunque si pudiera abrir mis alas, iría a buscar el beso de buenas noches que echo de menos cada fin de día.
2 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario