En el Metro había menos gente que de costumbre. Es increible como cambia una ciudad tan grande como Madrid con unos pocos copos de nieve.
Y yo iba en mi mundo. Hoy mi cabeza tenía ganas de trabajar, y para colmo, la segunda canción que escupía mi iPod era esta:
Seguramente, una de las canciones que más tocado me dejan. No es de ningún grupo especial para mí, ni es una canción que escuche mucho, precisamente porque cada vez que la oigo se me para algo por dentro...
Así que hoy ya era un día peculiar. Con esa banda sonora, este paisaje y esta cabeza ganaba el gris sobre el blanco por goleada. Veía todo a través de un cristal empañado, y aun se empañaba más con las gotitas que me salían de dentro.
Al menos el día ha sido corto. Apenas una hora de clase en un pabellón fantasma, con la escasa compañía de 5 personas y un frío demoledor.
Hoy es un día frío. Igual que este mensaje. Tengo las manos congeladas. Pero he de decir que también ha tenido una sonrisa. He recorrido el mismo camino para recoger mi libro. El mismo camino que me hizo encontrarme con varias sorpresas. Un as de corazones, una enorme sonrisa, tu rayito de sol, y una mirada con la duda entre los dedos.