Vivo en un continuo carrusel de emociones sin sentido. Sin un por qué claro, sin atender a ninguna razón. Ayer fue blanco, y mañana será negro. Y hoy, ¿hoy qué es? ¿gris?
Espero señales que nunca llegan. Espero un manual de instrucciones sobre cómo actuar. Pero no está escrito en ningún sitio. Es difícil enfrentarte a un reto único en la vida, del que no tienes experiencia previa, por lo complejo y especial que es. Más duro se hace cuando tu ínfima paciencia lo quiere todo y lo quiere ya. A veces me pregunto dónde estaría en estos momentos si hubiese sido más calmado, y si no me hubiese empujado a entrar en cada tren que pasaba por si era el bueno.
Y ahora, estoy otra vez atravesando el abismo haciendo equilibrios sobre una cuerda. Yo creo que es una cuerda imaginaria, y además, es poco resistente. Sé que en cuanto me salga un poco del camino establecido, esa cuerda se tensará más de la cuenta y me caeré. Pero paseando con ese riesgo soy feliz. Sé que mi felicidad es una cortina de humo, pero hasta que alguien abra la ventana, no veré lo que realmente hay detrás. Así que quizás lo más inteligente sería sentarse a mitad de camino y disfrutar de él mientras dure. En ocasiones es mejor no llegar a tu destino.
En el fondo sigo siendo el mismo de siempre. Caigo en los mismos errores una y otra vez, buscando hasta debajo de las piedras lo que sé que me llena. Pero creo que con los años que tengo, ya debería haber aprendido que lo realmente bueno aparece de repente, sin tenerlo que buscar. Sin embargo, a pesar de que esta vida es una enorme serie de casualidades encadenadas, me sigo empeñando en lanzar mensajes al aire. Pero es normal que no los veas. Son tan absurdos que sólo puedo entenderlos yo, como este texto.
12 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario