Han pasado ya 3 meses desde que escribí mi última entrada en este cuaderno de bitácora. Si te digo la verdad, no te he echado de menos. Tú siempre has sido el confesor de mi particular iglesia. Tú siempre acogías mis lamentos, mis lloros y mis logros, y sin embargo te has quedado fuera de juego en cuanto el partido ha echado a correr.
Tanto tú como yo sabemos que has sido clave en muchos momentos del año. Te contaba las cosas que no podía contar a nadie más, en forma de metáforas o realidades disfrazadas, que tapaban algo que no se podía saber. Si por algo te estoy agradecido es porque creo que tú fuiste una de las primeras piedras de este rascacielos en el que se ha convertido esta relación. Pero desde aquí arriba, en el lugar donde me siento a reflexionar mientras me da el viento en la cara (también conocido como "estar en las nubes"), no veo el suelo, y tú estás en los cimientos. Importante, claro está. Pero ahora debo tratar de cuidar la fachada, que es la parte más bonita de todo esto.
Por ello trato de regar las plantas asiduamente, y limpio los cristales los días que no hay actividad dentro. Pero es cierto que muchas veces necesito algo más de vida en el interior. Sé que es verano, y que las oficinas se quedan semidesiertas, pero eso no quita que las ganas de que todo vuelva a la normalidad sean cada vez más grandes. Empujones, voces y mordiscos. Nunca pensé que los echaría de menos.
Con tanto silencio hay mucho tiempo para pensar. Y para preguntarme por qué sigo siendo celador en vez del director de la compañía. Pero bueno, ahora que he terminado la carrera, creo que podré ir centrándome más en mi carrera personal. Anhelo un puesto, que me otorgará cierto poder y al que sólo podré acceder aprobando las mil oposiciones que forman una vida.
El poder de ser feliz, ni más ni menos. El poder de saber que he llegado a donde quería llegar. Dicen que lo importante es llegar, y no cuando, así que deberé tener cuidado de no tropezarme en los escalones rotos que me vaya encontrando por el camino. Ganas seguro que no me faltan.
Por fin he encontrado qué quiero ser de mayor. Ser su vida, ser su todo. Así que con tu permiso, pequeño blog, seguiré haciendo la pelota a la jefa, contándole aquellas cosas que me pasan por la cabeza. Al fin y al cabo, es ella la que decide.
24 de agosto de 2010
5 de mayo de 2010
Tetris
Es el tercer día de la semana, y es el tercer día que no consigo llegar a clase a tiempo. Lo de hoy ya roza lo increíble, tardar una hora y 35 minutos en hacer un camino que normalmente se hace en 30 minutos. He intentado ir por un camino alternativo y aun así he llegado tarde. Algo así me pasa con mi vida en general.
Escribo esto desde mi coche, escuchando música digamos no muy alegre. Hoy es el típico día que tienes demasiado tiempo para reflexionar, mientras esquivas coches kamikazes, te paras en infinidad de semáforos y ves a través de tus cristales miles de caras cabreadas. Hoy quizás entiendo un poco más a las personas que van enfadadas por la mañana a su trabajo, a llevar a sus hijos al colegio o van a hacer la compra. Hoy odio un poco Madrid, porque va demasiado deprisa cuando no lo necesitamos, y se atasca y nos retrasa cuando llegar pronto es vital.
En ese período de conducción con el piloto automático puesto, cabeza en un sitio y sentidos en otro, he seguido dando vueltas a cosas que últimamente me inquietan. En estos últimos días, en los que siento que algo se me está yendo totalmente de las manos, me he dado cuenta de que mi vida está sostenida por unos pilares un poco inestables, siendo el primero y el peor yo mismo. Seguro que de pequeños (y no tan pequeños) habéis jugado al Tetris. Sabéis que cuando las primeras líneas no están puestas muy allá, van quedando huecos que luego son imposibles de rellenar. Pues algo así es lo que me sucede a mí. He ido cimentando mi nueva vida en valores cogidos por alfileres, que ni yo mismo estoy seguro de ellos, y que no se corresponden con los que deberían ser realmente. Si a eso le añades que echo en falta la figura de un ángel de la guarda, al que podía acudir cada vez que me sucedía algo, fuese el día que fuese, a la hora que fuera…Seguro que alguno piensa: “puedes acudir a mi cuando quieras”. Pero esas cosas sólo salen desde la confianza, y la verdad, ahora mismo creo que nadie me conoce lo suficiente para que cuando me suceden determinadas cosas yo pueda ir a que él/ella me consuele sin parecerle un bicho raro, un rayado, o demás adjetivos que alguna vez me han definido como persona.
Así que bueno, creo que va siendo hora de pegarle una patada a este castillo de cartas para derribarlo del todo, y volver a construir la base. Esa base tiene que estar construida con algo que me haga triunfar en este objetivo a largo plazo que me marqué, y es terminar mi carrera este año. Si hay piezas que debido a ello se van, será un control de calidad que, aunque me cueste reconocer, es necesario en mi vida. Y yo no tengo los cojones para decir nunca que no.
Escribo esto desde mi coche, escuchando música digamos no muy alegre. Hoy es el típico día que tienes demasiado tiempo para reflexionar, mientras esquivas coches kamikazes, te paras en infinidad de semáforos y ves a través de tus cristales miles de caras cabreadas. Hoy quizás entiendo un poco más a las personas que van enfadadas por la mañana a su trabajo, a llevar a sus hijos al colegio o van a hacer la compra. Hoy odio un poco Madrid, porque va demasiado deprisa cuando no lo necesitamos, y se atasca y nos retrasa cuando llegar pronto es vital.
En ese período de conducción con el piloto automático puesto, cabeza en un sitio y sentidos en otro, he seguido dando vueltas a cosas que últimamente me inquietan. En estos últimos días, en los que siento que algo se me está yendo totalmente de las manos, me he dado cuenta de que mi vida está sostenida por unos pilares un poco inestables, siendo el primero y el peor yo mismo. Seguro que de pequeños (y no tan pequeños) habéis jugado al Tetris. Sabéis que cuando las primeras líneas no están puestas muy allá, van quedando huecos que luego son imposibles de rellenar. Pues algo así es lo que me sucede a mí. He ido cimentando mi nueva vida en valores cogidos por alfileres, que ni yo mismo estoy seguro de ellos, y que no se corresponden con los que deberían ser realmente. Si a eso le añades que echo en falta la figura de un ángel de la guarda, al que podía acudir cada vez que me sucedía algo, fuese el día que fuese, a la hora que fuera…Seguro que alguno piensa: “puedes acudir a mi cuando quieras”. Pero esas cosas sólo salen desde la confianza, y la verdad, ahora mismo creo que nadie me conoce lo suficiente para que cuando me suceden determinadas cosas yo pueda ir a que él/ella me consuele sin parecerle un bicho raro, un rayado, o demás adjetivos que alguna vez me han definido como persona.
Así que bueno, creo que va siendo hora de pegarle una patada a este castillo de cartas para derribarlo del todo, y volver a construir la base. Esa base tiene que estar construida con algo que me haga triunfar en este objetivo a largo plazo que me marqué, y es terminar mi carrera este año. Si hay piezas que debido a ello se van, será un control de calidad que, aunque me cueste reconocer, es necesario en mi vida. Y yo no tengo los cojones para decir nunca que no.
2 de mayo de 2010
Un año más, un año menos
Primer entrada de mi blog con un año más. Últimamente me pregunto si escribir aquí vale la pena o no. No soy idiota, y sé que más de uno/a se ha visto influido para mal con las cosas que se han publicado aquí. Es una pena, porque la gran mayoría de las cosas que he escrito se traducen en felicidad. Pero entiendo que hay muchas veces que si tú no eres protagonista de la película, esta pierde su gracia, y el guión se clava como su fuese un puñal. Me gustaría pedir perdón por ello, pero la vida sigue.
Sigue un año más. Hoy me he empezado a dar cuenta de que cada día todo pesa un poquito más. Llevo casi 4 años levantándome (eso contando con que me haya acostado) para trabajar sin apenas dormir, y en unas condiciones que distan mucho de ser las ideales. Dicen que hay que beber para olvidar, y la verdad, cada noche de viernes, sábado o víspera de festivo le dedico una copita (o dos) a Opencor.
Y así, con la cabeza adormilada y el cuerpo revuelto, he salido una mañana más tarde de casa, con prisa, sin tiempo para mirar ni por dónde voy ni con quién me cruzo. Sin embargo, hoy ha sido un viaje en metro especial. Había un grupo de niños que se iban a pasar al día al Retiro. Esta semana me he enterado de que yo también tengo una excursión pendiente a ese mismo lugar. Y con una sonrisa perenne, me he bajado del tren.
De camino hacia la tienda me he dado cuenta de que Delicias es como mi segundo barrio. Me cruzo con gente que he visto una o mil veces. Gente que se me queda mirando sabiendo que llego tarde, sabiendo que dentro de 2 horas me va a encontrar detrás de ese chaleco azul. Me gusta imaginar la vida de esas personas, de las cuales apenas no sé ni su nombre, pero que te dedican una sonrisa y una buena cara cuando te ven. Es lo que hace llevar tanto tiempo allí, que al final le coges cariño y todo.
El día ha sido muy duro, mucha gente había olvidado que los sábados también pueden ser festivos. Pero ha sido una mañana alegre. Por lo simpático que estaba todo el mundo, y por las vibraciones que salián de mi bolsillo de atrás, y que cuando se han traducido en palabras abreviadas en una pantalla, no han hecho más que hacerme feliz.
Ahora por la noche tengo sensaciones encontradas. Lo que todo había empezado bien ha llegado a convertirse en un día más. No he hecho nada especial, y hoy estaba marcado el día en mi agenda como un día bonito. Pero cuando tu felicidad está a kilometros, es difícil buscarla en otras cosas. No me gusta esta sensación de estar atado a Madrid. A veces me gustaría poder volar de aquí.
Como ahora mismo. No sé que estarás haciendo, pero seguro que lo estás pasando bien. Eso me consuela, aunque si pudiera abrir mis alas, iría a buscar el beso de buenas noches que echo de menos cada fin de día.
Sigue un año más. Hoy me he empezado a dar cuenta de que cada día todo pesa un poquito más. Llevo casi 4 años levantándome (eso contando con que me haya acostado) para trabajar sin apenas dormir, y en unas condiciones que distan mucho de ser las ideales. Dicen que hay que beber para olvidar, y la verdad, cada noche de viernes, sábado o víspera de festivo le dedico una copita (o dos) a Opencor.
Y así, con la cabeza adormilada y el cuerpo revuelto, he salido una mañana más tarde de casa, con prisa, sin tiempo para mirar ni por dónde voy ni con quién me cruzo. Sin embargo, hoy ha sido un viaje en metro especial. Había un grupo de niños que se iban a pasar al día al Retiro. Esta semana me he enterado de que yo también tengo una excursión pendiente a ese mismo lugar. Y con una sonrisa perenne, me he bajado del tren.
De camino hacia la tienda me he dado cuenta de que Delicias es como mi segundo barrio. Me cruzo con gente que he visto una o mil veces. Gente que se me queda mirando sabiendo que llego tarde, sabiendo que dentro de 2 horas me va a encontrar detrás de ese chaleco azul. Me gusta imaginar la vida de esas personas, de las cuales apenas no sé ni su nombre, pero que te dedican una sonrisa y una buena cara cuando te ven. Es lo que hace llevar tanto tiempo allí, que al final le coges cariño y todo.
El día ha sido muy duro, mucha gente había olvidado que los sábados también pueden ser festivos. Pero ha sido una mañana alegre. Por lo simpático que estaba todo el mundo, y por las vibraciones que salián de mi bolsillo de atrás, y que cuando se han traducido en palabras abreviadas en una pantalla, no han hecho más que hacerme feliz.
Ahora por la noche tengo sensaciones encontradas. Lo que todo había empezado bien ha llegado a convertirse en un día más. No he hecho nada especial, y hoy estaba marcado el día en mi agenda como un día bonito. Pero cuando tu felicidad está a kilometros, es difícil buscarla en otras cosas. No me gusta esta sensación de estar atado a Madrid. A veces me gustaría poder volar de aquí.
Como ahora mismo. No sé que estarás haciendo, pero seguro que lo estás pasando bien. Eso me consuela, aunque si pudiera abrir mis alas, iría a buscar el beso de buenas noches que echo de menos cada fin de día.
18 de abril de 2010
Una noche cualquiera
Las luces de la calle se cuelan por los agujeros de las ventanas, dibujando divertidas formas en la pared del fondo. Trato de jugar con esas figuras para no dormirme. Hoy debo aguantar todo el tiempo que pueda despierto.
El ruido de la calle se asemeja a las canciones que siempre te hago escuchar. Me dan paz. Sé que mañana no tendré que levantarme con despertador, sé que mañana podremos revolvernos entre las sábanas sin ninguna presión ni ninguna sensación adicional a la pereza de salir de ese micro-clima. Fuera hace frío, y no apetece nada salir de nuestro escondite.
Tú llevas un rato durmiendo. Te oigo respirar y tus caricias hace tiempo que han parado. De vez en cuando te mueves, respiras fuerte o abres los ojos, pero no tienes fuerzas para nada más. Las luces de fuera me dejan ver la parte de cara que no te tapa el pelo. Podría estar mirándote horas, viendo como descansas con esa medio sonrisa puesta. Viendo como aunque fuera de esta habitación el mundo reviente, tú seguirás descansando como un angelito. Es verdad, tienes cara de niña buena.
Pasan las horas y la luz de fuera se empieza a hacer más clara. Cada vez se oye más movimiento en las calles. Todo parece llegar a su fin, hasta que recuerdo que tengo un truco para parar el tiempo. Sólo debo pasar mi brazo por debajo de tu cuello. Tú, con suerte, te despertarás y me mirarás. Acto seguido apoyarás tu cabeza sobre mí, y me apretarás la mano...
Me desperté con las dos manos cruzadas. Tú apretón no era real,y realmente tu mano era la mía.
Hoy has estado presente durante todo el día. Pero ya es tarde. Sé que dentro de pocas horas sonará el despertador de nuevo. Y otra vez toda la maquinaria que es Madrid nos engullirá a todos hasta nuevo aviso. Sin embargo, aun puedo cerrar los ojos, con todas mis fuerzas, para ver si vuelvo a tu lado. No es lo mismo que oír tu risa de verdad nada más despertarme, pero la sonrisa con la que amanezco no me la quita nadie.
El ruido de la calle se asemeja a las canciones que siempre te hago escuchar. Me dan paz. Sé que mañana no tendré que levantarme con despertador, sé que mañana podremos revolvernos entre las sábanas sin ninguna presión ni ninguna sensación adicional a la pereza de salir de ese micro-clima. Fuera hace frío, y no apetece nada salir de nuestro escondite.
Tú llevas un rato durmiendo. Te oigo respirar y tus caricias hace tiempo que han parado. De vez en cuando te mueves, respiras fuerte o abres los ojos, pero no tienes fuerzas para nada más. Las luces de fuera me dejan ver la parte de cara que no te tapa el pelo. Podría estar mirándote horas, viendo como descansas con esa medio sonrisa puesta. Viendo como aunque fuera de esta habitación el mundo reviente, tú seguirás descansando como un angelito. Es verdad, tienes cara de niña buena.
Pasan las horas y la luz de fuera se empieza a hacer más clara. Cada vez se oye más movimiento en las calles. Todo parece llegar a su fin, hasta que recuerdo que tengo un truco para parar el tiempo. Sólo debo pasar mi brazo por debajo de tu cuello. Tú, con suerte, te despertarás y me mirarás. Acto seguido apoyarás tu cabeza sobre mí, y me apretarás la mano...
Me desperté con las dos manos cruzadas. Tú apretón no era real,y realmente tu mano era la mía.
Hoy has estado presente durante todo el día. Pero ya es tarde. Sé que dentro de pocas horas sonará el despertador de nuevo. Y otra vez toda la maquinaria que es Madrid nos engullirá a todos hasta nuevo aviso. Sin embargo, aun puedo cerrar los ojos, con todas mis fuerzas, para ver si vuelvo a tu lado. No es lo mismo que oír tu risa de verdad nada más despertarme, pero la sonrisa con la que amanezco no me la quita nadie.
3 de abril de 2010
Desde la distancia
Es ahora cuando ha pasado ya un poco de tiempo, cuando empiezo a darme cuenta de las cosas que he vivido estos días.
Yo, aunque muchas veces no lo parezca, soy un chico bastante reservado, tímido, aunque nunca me ha gustado esa palabra. Soy una persona con dos caras: puede que la primera vez que me veas pienses que soy una persona ausente e incluso borde, y puede que si por alguna razón conectas conmigo, consiga caerte bien y me aprecies desde ese mismo instante.
Siempre he sido receloso de conocer gente nueva. No me gusta la sensación de no tener de lo que hablar, no me gustan esos silencios incómodos. Creo que parte de ese problema viene dado porque no soy consciente de lo que puedo ofrecer a alguien. Aunque para muchas cosas tengo una confianza en mi enorme, para enseñarme tal y como soy es todo lo contrario. De hecho, si me paro a pensar, muchas de las personas que después han sido importantes en mi vida, han cambiado sustancialmente de opinión sobre mí una vez ellos han ido desnudándome por dentro, pero no por lo que yo mostraba de primeras.
Diréis que a qué viene todo esto. Viene a que estas últimas semanas he vivido rodeado de gente nueva, o de gente que he conocido este año. Me he reido, he disfrutado con ellos. He visto como las horas pasaban sin el chirrido que muchas veces me gritan las agujas del reloj para recordarme que estoy muy atareado. Y la verdad, es que me está gustando esta sensación. Sé que se me están yendo de las manos muchas cosas, pero ¿y si realmente soy feliz así?
Volví hace unos días de Santander. Allí conocí a alguien totalmente distinto a nosotros. Una persona que nos mostró su tierra con orgullo, y que nos hizo sentir como en casa en todo momento. Hemos estado en sitios que nunca habríamos imaginado, andado por sitios de cuento, y visto cosas increibles. Allí estuve además con otra piececita de ese engranaje que es la universidad, y que, poquito a poquito, sin hacer mucho ruido, ha contribuido a que este año sea sin lugar a dudas, el mejor que he vivido allí. Me ofreció su casa como si me conociera de toda la vida, y hace apenas unos meses no sabía ni mi nombre. Gracias Mario, y gracias Julia. Tenemos pendientes otros días allí.
Y sí, también estuve con ella. Creo que es la vez que mejor me he sentido en mucho tiempo. Es realmente bonito tener un hombro en el que apoyarte, para que se te caigan las lágrimas que están en suspensión. Es bonito llorar sin saber muy bien por qué, pero sabiendo que no es por nada malo. Es bonito despertar y que esté ahí.
Es precioso echar de menos todo esto. Al igual que lo es este lugar:
Yo, aunque muchas veces no lo parezca, soy un chico bastante reservado, tímido, aunque nunca me ha gustado esa palabra. Soy una persona con dos caras: puede que la primera vez que me veas pienses que soy una persona ausente e incluso borde, y puede que si por alguna razón conectas conmigo, consiga caerte bien y me aprecies desde ese mismo instante.
Siempre he sido receloso de conocer gente nueva. No me gusta la sensación de no tener de lo que hablar, no me gustan esos silencios incómodos. Creo que parte de ese problema viene dado porque no soy consciente de lo que puedo ofrecer a alguien. Aunque para muchas cosas tengo una confianza en mi enorme, para enseñarme tal y como soy es todo lo contrario. De hecho, si me paro a pensar, muchas de las personas que después han sido importantes en mi vida, han cambiado sustancialmente de opinión sobre mí una vez ellos han ido desnudándome por dentro, pero no por lo que yo mostraba de primeras.
Diréis que a qué viene todo esto. Viene a que estas últimas semanas he vivido rodeado de gente nueva, o de gente que he conocido este año. Me he reido, he disfrutado con ellos. He visto como las horas pasaban sin el chirrido que muchas veces me gritan las agujas del reloj para recordarme que estoy muy atareado. Y la verdad, es que me está gustando esta sensación. Sé que se me están yendo de las manos muchas cosas, pero ¿y si realmente soy feliz así?
Volví hace unos días de Santander. Allí conocí a alguien totalmente distinto a nosotros. Una persona que nos mostró su tierra con orgullo, y que nos hizo sentir como en casa en todo momento. Hemos estado en sitios que nunca habríamos imaginado, andado por sitios de cuento, y visto cosas increibles. Allí estuve además con otra piececita de ese engranaje que es la universidad, y que, poquito a poquito, sin hacer mucho ruido, ha contribuido a que este año sea sin lugar a dudas, el mejor que he vivido allí. Me ofreció su casa como si me conociera de toda la vida, y hace apenas unos meses no sabía ni mi nombre. Gracias Mario, y gracias Julia. Tenemos pendientes otros días allí.
Y sí, también estuve con ella. Creo que es la vez que mejor me he sentido en mucho tiempo. Es realmente bonito tener un hombro en el que apoyarte, para que se te caigan las lágrimas que están en suspensión. Es bonito llorar sin saber muy bien por qué, pero sabiendo que no es por nada malo. Es bonito despertar y que esté ahí.
Es precioso echar de menos todo esto. Al igual que lo es este lugar:
14 de marzo de 2010
Presente y futuro, pero no pasado
Este blog, entre otras funciones terapéuticas para una mente a veces enferma, tiene la misión de contar mi vida real, y no siempre el mundo de los sueños. Ayer recibí por fin una gran noticia: he conseguido aprobar todo. 9 asignaturas. Si me pongo a pensarlo, me parece una auténtica locura. Otros años, con un esfuerzo mayor, he logrado aprobar 6, o 7. Pero este año me he superado, y la verdad, puedo decir que estoy orgulloso de mí.
En mi casa este tipo de noticias no son más que una palmadita en la espalda. Es raro que las personas que más deberían presumir de ello solamente acierten a decir: "Bien". Siempre he tenido la sensación de que el hecho de haber sido siempre un buen chico ha hecho que estas cosas pierdan su magia. Pero aun así, creo que están felices. Al menos podrán cambiar su discurso más reciente, aquel en el que se nos tachaba a mi hermano y a mí de dos problemas constantes.
Por otro lado, quería agradecer a todos los que me habéis animado durante estos casi dos meses que ha durado este período de exámenes. Llamadas, SMS deseando suerte. Todo ello son gestos que yo adoro entregar, y por ello, me causan la bonita sensación de que alguien espera tu éxito. De que alguien confía en ti, Y por ello me alegro tanto, por poder devolver todas esas esperanzas con resultados.
Estos meses han sido totalmente diferentes a cualquier otro período de biblioteca. He cambiado de lugar de estudio, de compañía y de costumbres. Y sé que no es justo decir que el cambio ha sido a mejor, porque el pasado también es digno de mencionar. Pero si he de decir que estos meses no los cambiaría por nada. Hoy puedo decir bien alto que estoy feliz de ser como soy, y hacía mucho que no lo sentía.
Para concluir, quería dar también las gracias a mi amuleto. Aquel que estaba 24 horas a mi disposición. Aquel que hacía auténticas locuras para que yo estuviera bien. Aquel que conseguía cambiar el agobio y el mareo de apuntes por minutos de paz y descanso. Sé que te cuesta decir mucho las cosas, pero a veces los gestos silencian cualquier palabra que puedan pronunciar tus labios. Muchas gracias, una parte de este éxito es también tuyo.
Y así, cuando más cercano está mi futuro, más valoro mi presente. Sigo teniendo miedo a los cambios.
En mi casa este tipo de noticias no son más que una palmadita en la espalda. Es raro que las personas que más deberían presumir de ello solamente acierten a decir: "Bien". Siempre he tenido la sensación de que el hecho de haber sido siempre un buen chico ha hecho que estas cosas pierdan su magia. Pero aun así, creo que están felices. Al menos podrán cambiar su discurso más reciente, aquel en el que se nos tachaba a mi hermano y a mí de dos problemas constantes.
Por otro lado, quería agradecer a todos los que me habéis animado durante estos casi dos meses que ha durado este período de exámenes. Llamadas, SMS deseando suerte. Todo ello son gestos que yo adoro entregar, y por ello, me causan la bonita sensación de que alguien espera tu éxito. De que alguien confía en ti, Y por ello me alegro tanto, por poder devolver todas esas esperanzas con resultados.
Estos meses han sido totalmente diferentes a cualquier otro período de biblioteca. He cambiado de lugar de estudio, de compañía y de costumbres. Y sé que no es justo decir que el cambio ha sido a mejor, porque el pasado también es digno de mencionar. Pero si he de decir que estos meses no los cambiaría por nada. Hoy puedo decir bien alto que estoy feliz de ser como soy, y hacía mucho que no lo sentía.
Para concluir, quería dar también las gracias a mi amuleto. Aquel que estaba 24 horas a mi disposición. Aquel que hacía auténticas locuras para que yo estuviera bien. Aquel que conseguía cambiar el agobio y el mareo de apuntes por minutos de paz y descanso. Sé que te cuesta decir mucho las cosas, pero a veces los gestos silencian cualquier palabra que puedan pronunciar tus labios. Muchas gracias, una parte de este éxito es también tuyo.
Y así, cuando más cercano está mi futuro, más valoro mi presente. Sigo teniendo miedo a los cambios.
9 de marzo de 2010
Nubes
Vivo en una nube que se cambia de color cada cierto tiempo. Unos días es rojo, otros días es negra. Depende de cómo me despierte, a veces lleva un rayito de sol incorporado, o se encuentra dentro de una tormenta perfecta. Pero suele salir de ella sin problemas.
No es muy grande, pero llama la atención por donde pasa. Quizás es el sonido de su motor, o el sonido de mi risa cuando viajo en ella. Últimamente, la gente se gira demasiado para ver por donde vamos, a quién saludamos y a qué velocidad. Yo no lo entiendo muy bien, porque todos deberíamos viajar en una.
Dentro de ella pasan las horas rápidamente. Pienso en mil cosas y me quedo con la mirada perdida, hasta que mi nube me sacude para que vuelva a la realidad. Una realidad que va más deprisa de la cuenta, pero de la que ella me protege. Ella me frena o me acelera, casi siempre contracorriente.
Y así pasan los días, volando. Ya han pasado 3 meses desde que empezó el año, y parece que fue ayer cuando estaba prácticamente inconsciente para celebrarlo. Mi vida ha cambiado a golpes desde entonces, pero ahora mismo, me gusta mi vida.
Puedo acariciar el cielo con las manos y dejar una estela de olor a alegría. Mi nube tiene la culpa por enseñarme algo en lo que no había reparado: Nunca sabes cuando te caerás al suelo, así que no te preocupes de cómo poner las manos para amortiguar la caida. Sólo intenta volar, cada vez más alto.
No es muy grande, pero llama la atención por donde pasa. Quizás es el sonido de su motor, o el sonido de mi risa cuando viajo en ella. Últimamente, la gente se gira demasiado para ver por donde vamos, a quién saludamos y a qué velocidad. Yo no lo entiendo muy bien, porque todos deberíamos viajar en una.
Dentro de ella pasan las horas rápidamente. Pienso en mil cosas y me quedo con la mirada perdida, hasta que mi nube me sacude para que vuelva a la realidad. Una realidad que va más deprisa de la cuenta, pero de la que ella me protege. Ella me frena o me acelera, casi siempre contracorriente.
Y así pasan los días, volando. Ya han pasado 3 meses desde que empezó el año, y parece que fue ayer cuando estaba prácticamente inconsciente para celebrarlo. Mi vida ha cambiado a golpes desde entonces, pero ahora mismo, me gusta mi vida.
Puedo acariciar el cielo con las manos y dejar una estela de olor a alegría. Mi nube tiene la culpa por enseñarme algo en lo que no había reparado: Nunca sabes cuando te caerás al suelo, así que no te preocupes de cómo poner las manos para amortiguar la caida. Sólo intenta volar, cada vez más alto.
7 de marzo de 2010
Bajo la lluvia
Esto es lo primero que escribo con mi nuevo netbook. Espero que de este salgan tan bonitas historias como guardaba en su interior el anterior portátil. Descansa en paz.
Hoy no se me ocurre mejor manera de escribir que con canciones de Fito. Hace poco rescaté el gusto por su música, aunque creo que me gusta más por lo que lleva detrás, por esa sonrisa que me sale cada vez que oigo una canción suya. Tú tienes la culpa. Esta noche es propicia para contaros historias, a oscuras, con una Coca Cola y con la cabeza hecha un lío.
Por desgracia ayer volví a dejar que el alcohol me usara de marioneta y me hiciera decir cosas que Dios sabe por qué las dije. Ni las recuerdo, ni seguramente las sienta. Así que desde aquí, pido disculpas a aquellos que tuvieron que sufrirlas. Es un enemigo bastante listo, siempre borra su huella al día siguiente. Consigue que ratos completos aparezcan en mi mente como una secuencia de cine mudo, sin lograr recordar las frases que pronunciaban mis labios ni las que escuchaban mis oidos.
Por ello, hoy me he levantado un poco desanimado. Además, era un día raro. Hoy tenía que irme a otra tienda a trabajar, y la verdad, si mi memoria no me falla, hacía casi un año que no iba a otro Opencor. Pero creo que me ha servido para darme cuenta de que, si todo se confirma según parece, no me será tan duro trabajar rodeado de completos desconocidos. Quizás se me haga hasta más llevadero. Recordadme que se lo pregunte a mis párpados cuando otro sábado más suene el despertador.
Intentando recordar todo lo que me sucedió ayer, han pasado las horas. Muy lentas, como siempre. Y justo cuando me iba, he recibido una visita inesperada. Allí estaba, año y pico después, mi amiga Montse. Fue mi jefa durante la época más bonita de este (ahora) odiado trabajo. Nos ha visto llorar, reir. Me acompañó en el momento más duro, cuando me partí el dedo. Creo que puedo afirmar que es de los pocos jefes que se han portado conmigo como amigos. Y creedme que en una empresa donde la prepotencia y el yomismismo abunda, eso significa mucho.
Me ha hecho una ilusión gigantesca verla. Saber qué tal estaba. Ver como se acuerda de todos nosotros, y ver que aun después de no vernos en muchisimo (demasiado, diría yo) tiempo, seguimos siendo capaces de reir juntos, de entendernos, y de pintar con colores vivos unas tiendas que son azules por fuera, y gris casi negro por dentro.
Además, se ha confesado lectora de este blog, y la verdad, me ha emocionado. Muchas veces pienso que estas palabras se las lleva el viento, y que la leen cuatro personas contadas, o algún naufrago de Google. Y poco a poco, veo como hay gente que me sigue, que se preocupa por mí, y lo más raro de todo, es que os gusta. Os juro que no hay nada que me haga más feliz que eso. Espero que te guste leer esto, casi tanto como a mi haberte visto y escribirtelo.
Viendo que el día se había arreglado sin esperarlo, era momento de pasear por Madrid. La última vez que lo hice fue bastante más bonito. Llevaba a Marta del brazo.
Hoy he recibido otro regalo en forma de mensaje privado de Tuenti. En él, me decían que alguien me consideraba un amigo digno de admirar, y decía que ojalá tuviera la suerte de encontrar a alguien como yo. Esas palabras han salido de una persona que conozco de 6 o 7 ratos, en los cuales más de la mitad yo iba borracho (creo que esto ya empieza a ser preocupante). Pero con el cual conseguí conectar desde un principio. Es fácil, él hace feliz a una de las personas más importantes para mí. Y esa felicidad es como si fuese mía, porque creo que no hay nada mejor que ver los ojos de tus amigos brillar de esa forma especial. Me alegro un montón de que os hayáis encontrado el uno al otro, y que yo, de paso, haya engordado mi lista de amigos con un gran chico.
Casi la una de la mañana y aun no he empezado con el trabajo de la universidad. Sigue sonando Fito en mi cabeza. Pone banda sonora a una cara, se parece a su risa. Suena a miles de momentos, cada cual más bonito. Hoy no terminaré en el sofá de ningún portal, pero seguro que duermo peor que allí.
Hoy no se me ocurre mejor manera de escribir que con canciones de Fito. Hace poco rescaté el gusto por su música, aunque creo que me gusta más por lo que lleva detrás, por esa sonrisa que me sale cada vez que oigo una canción suya. Tú tienes la culpa. Esta noche es propicia para contaros historias, a oscuras, con una Coca Cola y con la cabeza hecha un lío.
Por desgracia ayer volví a dejar que el alcohol me usara de marioneta y me hiciera decir cosas que Dios sabe por qué las dije. Ni las recuerdo, ni seguramente las sienta. Así que desde aquí, pido disculpas a aquellos que tuvieron que sufrirlas. Es un enemigo bastante listo, siempre borra su huella al día siguiente. Consigue que ratos completos aparezcan en mi mente como una secuencia de cine mudo, sin lograr recordar las frases que pronunciaban mis labios ni las que escuchaban mis oidos.
Por ello, hoy me he levantado un poco desanimado. Además, era un día raro. Hoy tenía que irme a otra tienda a trabajar, y la verdad, si mi memoria no me falla, hacía casi un año que no iba a otro Opencor. Pero creo que me ha servido para darme cuenta de que, si todo se confirma según parece, no me será tan duro trabajar rodeado de completos desconocidos. Quizás se me haga hasta más llevadero. Recordadme que se lo pregunte a mis párpados cuando otro sábado más suene el despertador.
Intentando recordar todo lo que me sucedió ayer, han pasado las horas. Muy lentas, como siempre. Y justo cuando me iba, he recibido una visita inesperada. Allí estaba, año y pico después, mi amiga Montse. Fue mi jefa durante la época más bonita de este (ahora) odiado trabajo. Nos ha visto llorar, reir. Me acompañó en el momento más duro, cuando me partí el dedo. Creo que puedo afirmar que es de los pocos jefes que se han portado conmigo como amigos. Y creedme que en una empresa donde la prepotencia y el yomismismo abunda, eso significa mucho.
Me ha hecho una ilusión gigantesca verla. Saber qué tal estaba. Ver como se acuerda de todos nosotros, y ver que aun después de no vernos en muchisimo (demasiado, diría yo) tiempo, seguimos siendo capaces de reir juntos, de entendernos, y de pintar con colores vivos unas tiendas que son azules por fuera, y gris casi negro por dentro.
Además, se ha confesado lectora de este blog, y la verdad, me ha emocionado. Muchas veces pienso que estas palabras se las lleva el viento, y que la leen cuatro personas contadas, o algún naufrago de Google. Y poco a poco, veo como hay gente que me sigue, que se preocupa por mí, y lo más raro de todo, es que os gusta. Os juro que no hay nada que me haga más feliz que eso. Espero que te guste leer esto, casi tanto como a mi haberte visto y escribirtelo.
Viendo que el día se había arreglado sin esperarlo, era momento de pasear por Madrid. La última vez que lo hice fue bastante más bonito. Llevaba a Marta del brazo.
Hoy he recibido otro regalo en forma de mensaje privado de Tuenti. En él, me decían que alguien me consideraba un amigo digno de admirar, y decía que ojalá tuviera la suerte de encontrar a alguien como yo. Esas palabras han salido de una persona que conozco de 6 o 7 ratos, en los cuales más de la mitad yo iba borracho (creo que esto ya empieza a ser preocupante). Pero con el cual conseguí conectar desde un principio. Es fácil, él hace feliz a una de las personas más importantes para mí. Y esa felicidad es como si fuese mía, porque creo que no hay nada mejor que ver los ojos de tus amigos brillar de esa forma especial. Me alegro un montón de que os hayáis encontrado el uno al otro, y que yo, de paso, haya engordado mi lista de amigos con un gran chico.
Casi la una de la mañana y aun no he empezado con el trabajo de la universidad. Sigue sonando Fito en mi cabeza. Pone banda sonora a una cara, se parece a su risa. Suena a miles de momentos, cada cual más bonito. Hoy no terminaré en el sofá de ningún portal, pero seguro que duermo peor que allí.
15 de febrero de 2010
"Sueña con despertar en otro tiempo y en otra ciudad..."
Siempre he dicho que, en algún período de mi vida, viviré en Barcelona. Pasan los años, y lo que era estudiar un año de universidad allí, se va convirtiendo en unos meses de trabajo. Y lo que hoy son meses de trabajo, terminará siendo el momento en el que quiera romper mi vida y poner punto y aparte con todo lo que me rodea.
Por eso me gustó tanto cuando me dijo que ella tenía en mente vivir en esta ciudad. Esa ciudad que cuando paseas por ella siempre descubres cosas nuevas. Una ciudad que puede no decirte nada a priori, pero que paseando entre esas olas de gente y coches, te cuenta a susurros un sin fin de historias ocurridas en sus calles. Creo que debería pasear más por Madrid. Y sinceramente, creo que Madrid ganaría muchísimo contigo aquí.
Ya hace tantos años de la primera vez en que os vi a todos...Pero seguimos siendo capaces de reir, de contarnos historias, de hacer piques Madrid-Barcelona sobre bocadillos o cualquier cosa de la que el abuelo se queje. Ya os lo dije, siento que esta vez se me ha esfumado delante de mi cara sin apenas tiempo para deciros, demostraros, y enseñaros cosas. Pero espero que sea verdad eso de que nunca os decepcionamos, porque para mi una de las cosas más bonitas del año es vuestra tradicional visita. Ojalá pronto pueda devolverosla.
¿Sabéis? Está nevando en Madrid. En un día normal sería bonito. Pero es deprimente cuando ya no estáis aquí.
Gracias por todo. Os quiero.
Por eso me gustó tanto cuando me dijo que ella tenía en mente vivir en esta ciudad. Esa ciudad que cuando paseas por ella siempre descubres cosas nuevas. Una ciudad que puede no decirte nada a priori, pero que paseando entre esas olas de gente y coches, te cuenta a susurros un sin fin de historias ocurridas en sus calles. Creo que debería pasear más por Madrid. Y sinceramente, creo que Madrid ganaría muchísimo contigo aquí.
Ya hace tantos años de la primera vez en que os vi a todos...Pero seguimos siendo capaces de reir, de contarnos historias, de hacer piques Madrid-Barcelona sobre bocadillos o cualquier cosa de la que el abuelo se queje. Ya os lo dije, siento que esta vez se me ha esfumado delante de mi cara sin apenas tiempo para deciros, demostraros, y enseñaros cosas. Pero espero que sea verdad eso de que nunca os decepcionamos, porque para mi una de las cosas más bonitas del año es vuestra tradicional visita. Ojalá pronto pueda devolverosla.
¿Sabéis? Está nevando en Madrid. En un día normal sería bonito. Pero es deprimente cuando ya no estáis aquí.
Gracias por todo. Os quiero.
10 de febrero de 2010
Hoy de camino a la universidad, aparte de cabrearme con la ciudad de Madrid por su intenso tráfico y la mala educación en general que se respira a primera hora de la mañana, he escuchado una canción que había oido miles de veces. Si, he dicho escuchado. Nunca me había parado a entender su letra, a hacer mío su mensaje. Me gusta esta sensación de tener una pequeña caja de Pandora llena de sorpresas como esta, capaz de decirme en cada momento lo que siento.
Ultimamente, como todos sabéis, no estoy en una de mis mejores épocas. Tampoco puedo quejarme en otros aspectos de mi vida, pero como vomitaba aquí hace unos días, he tenido un duro golpe bajo que sigue doliendo, y que seguro dolerá más tiempo del que debería. Pero gracias a eso también he descubierto que estoy rodeado de personas maravillosas, que me han prestado su hombro y ofrecido su dinero; que me han abrazado cuando lo he necesitado. Que me han hecho ver que hay momentos en los que se para el tiempo y hay que disfrutar de lo que tenemos más cerca.
Puedo decir que no tengo un ángel de la guarda. Tengo muchos. Cada uno con su forma de cuidarme, y cada uno con su forma de quererme. Yo sé que ultimamente, más que ese chico que se echaba cualquier problema a la espalda como si fuese un saco, soy una persona débil, con las emociones a flor de piel. Parece que me doy duchas con litros de suavizante, vaya.
Pero os prometo que siempre voy a estar ahí. Que mi fuerza de voluntad sigue inquebrantable, y que uno de mis objetivos primordiales es cuidaros y haceros felices, dentro de mis posibilidades. Asi que algún día espero que pueda recibir de vosotros unas palabras tan bonitas como estas:
Savia_Ángel de la guarda
Tú eres para mí más que un amigo
que me ayuda a comprender, que me
enseña a respetar, tanto a mí mismo,
como lo hago a los demás.
Tú eres para mí más que ese hermano
que no tuve y que no tendré.
Has sembrado tanto encima de
miserias que te conté.
Hoy empieza el día y aquí traigo
recompensa para ti.
Son muchas mis deudas
y las llamas que encendiste.
Hoy, tal como ayer, tú cuidando
los tallos que aún están por crecer.
Y yo no cambiaré y soñaré encontrar
una flor en un podrido jardín.
Siempre vigilando y protegiendo
en las sombra aúnque ya no estés,
acariciando mi corazón.
Tú vas rompiendo lanzas
siempre a mi favor.
Has procurado ver los peligros de
este mundo que yo no vi, avisándome
antes de caerme y antes de sucumbir.
Hoy empieza el día y aquí traigo
recompensa para ti.
Son muchas mis deudas
y las llamas que encendiste.
Hoy, tal como ayer, tú cuidando
los tallos que aún están por crecer.
Y yo no cambiaré y soñaré encontrar
una flor en un podrido jardín.
Y hablando de ángeles, y para terminar, quería contar aquí una bonita historia. Hace tiempo en mi Opencor, trabajaba con nosotros un vigilante de seguridad. Ese hombre parecía haberlo pasado mal, y mataba sus horas muertas dentro de la tienda escribiendo poesía. Como tantos otros, y por los continuos movimientos de personal que hay en esa empresa, se marchó de Delicias y nunca volvió. Sabía de él a través de un amigo común, pero poco más.
El otro día, lo encontré trabajando en otro Opencor. Me alegró mucho verle, y que se acordara de todos nosotros. Cuando ya me iba, me dijo que había escrito un libro. Se le veía ilusionado, impaciente porque escribiera bien el titulo. Lo publicó en una editorial, pero por motivos que no vienen a cuento, lo ha colgado también en Internet. Investigando, resulta que ese empleado de Securitas es hijo de un poeta sevillano de cierto nombre, y que ha vivido inmerso en poesía desde que era pequeño. Gracias por compartir tu mundo con nosotros, y me alegra saber que aun hay personas que consiguen hacer realidad sus sueños.
Tengo que ir a visitarle de nuevo.
Ramón Montesinos - Poemas: ángeles sin sospecha
Para descargar:
https://docs.google.com/fileview?id=0BzTrJ7BnINoqZTBmYTE4MzQtMjFjNC00YzI0LWI0OTYtZDQ1NDI4NDcyNzEz&hl=en
Una entrevista con el autor:
http://arindodoliteratura.blogspot.com/2009/12/ramon-montesinos-nos-regala-su-libro-de_22.html
Es todo un placer presentároslo.
Ultimamente, como todos sabéis, no estoy en una de mis mejores épocas. Tampoco puedo quejarme en otros aspectos de mi vida, pero como vomitaba aquí hace unos días, he tenido un duro golpe bajo que sigue doliendo, y que seguro dolerá más tiempo del que debería. Pero gracias a eso también he descubierto que estoy rodeado de personas maravillosas, que me han prestado su hombro y ofrecido su dinero; que me han abrazado cuando lo he necesitado. Que me han hecho ver que hay momentos en los que se para el tiempo y hay que disfrutar de lo que tenemos más cerca.
Puedo decir que no tengo un ángel de la guarda. Tengo muchos. Cada uno con su forma de cuidarme, y cada uno con su forma de quererme. Yo sé que ultimamente, más que ese chico que se echaba cualquier problema a la espalda como si fuese un saco, soy una persona débil, con las emociones a flor de piel. Parece que me doy duchas con litros de suavizante, vaya.
Pero os prometo que siempre voy a estar ahí. Que mi fuerza de voluntad sigue inquebrantable, y que uno de mis objetivos primordiales es cuidaros y haceros felices, dentro de mis posibilidades. Asi que algún día espero que pueda recibir de vosotros unas palabras tan bonitas como estas:
Savia_Ángel de la guarda
Tú eres para mí más que un amigo
que me ayuda a comprender, que me
enseña a respetar, tanto a mí mismo,
como lo hago a los demás.
Tú eres para mí más que ese hermano
que no tuve y que no tendré.
Has sembrado tanto encima de
miserias que te conté.
Hoy empieza el día y aquí traigo
recompensa para ti.
Son muchas mis deudas
y las llamas que encendiste.
Hoy, tal como ayer, tú cuidando
los tallos que aún están por crecer.
Y yo no cambiaré y soñaré encontrar
una flor en un podrido jardín.
Siempre vigilando y protegiendo
en las sombra aúnque ya no estés,
acariciando mi corazón.
Tú vas rompiendo lanzas
siempre a mi favor.
Has procurado ver los peligros de
este mundo que yo no vi, avisándome
antes de caerme y antes de sucumbir.
Hoy empieza el día y aquí traigo
recompensa para ti.
Son muchas mis deudas
y las llamas que encendiste.
Hoy, tal como ayer, tú cuidando
los tallos que aún están por crecer.
Y yo no cambiaré y soñaré encontrar
una flor en un podrido jardín.
Y hablando de ángeles, y para terminar, quería contar aquí una bonita historia. Hace tiempo en mi Opencor, trabajaba con nosotros un vigilante de seguridad. Ese hombre parecía haberlo pasado mal, y mataba sus horas muertas dentro de la tienda escribiendo poesía. Como tantos otros, y por los continuos movimientos de personal que hay en esa empresa, se marchó de Delicias y nunca volvió. Sabía de él a través de un amigo común, pero poco más.
El otro día, lo encontré trabajando en otro Opencor. Me alegró mucho verle, y que se acordara de todos nosotros. Cuando ya me iba, me dijo que había escrito un libro. Se le veía ilusionado, impaciente porque escribiera bien el titulo. Lo publicó en una editorial, pero por motivos que no vienen a cuento, lo ha colgado también en Internet. Investigando, resulta que ese empleado de Securitas es hijo de un poeta sevillano de cierto nombre, y que ha vivido inmerso en poesía desde que era pequeño. Gracias por compartir tu mundo con nosotros, y me alegra saber que aun hay personas que consiguen hacer realidad sus sueños.
Tengo que ir a visitarle de nuevo.
Ramón Montesinos - Poemas: ángeles sin sospecha
Para descargar:
https://docs.google.com/fileview?id=0BzTrJ7BnINoqZTBmYTE4MzQtMjFjNC00YzI0LWI0OTYtZDQ1NDI4NDcyNzEz&hl=en
Una entrevista con el autor:
http://arindodoliteratura.blogspot.com/2009/12/ramon-montesinos-nos-regala-su-libro-de_22.html
Es todo un placer presentároslo.
5 de febrero de 2010
El Infierno
"Un día creí que el mundo iba bien. Pensé tener la suerte a mi favor.
Pero caí y luego desperté. Y al despertar, seguía siendo yo".
Así ha empezado lo que yo llamo nuevo día. Y digo esto porque cuando duermes apenas 4 horas al día, en un horario cambiado respecto a las personas aparentemente normales, no sabes ni cuando es de día ni cuando de noche.
Esa frase es de una canción de un grupo maquetero que ha sobrevivido varios años en mi iPod, sin saber muy bien por qué. Y al oirla hoy, me he sentido totalmente identificado: Cuando pensaba que mi vida estaba remontando el vuelo, que volvía a sentirme en mi lugar, me han lanzado un golpe demoledor en plena mandíbula. Me he despertado, vaya. Y la realidad es una mierda.
La realidad es que lo que algunos llaman justicia me ha fallado. La realidad es que no puedo decir verdades, por miedo a que me castiguen. La verdad es que no puedo defender mis derechos, ni defender los derechos de otros que han sido maltratados. La realidad es que en este país, que presume de libertades allá por donde vamos, la justicia no vale para nada.
Aunque la culpa de todo la tienen unos sinvergüenzas sin ninguna educación ni escrúpulos. Unas personas que se han reido en mi cara y en la de mi familia. Unas personas que uno de los días que más nervios y malestar he sentido, no tuvieron la decencia de presentarse a dar la cara. Otro desprecio más.
Pues a vosotros tengo algo que deciros. Espero que el de ahí arriba empiece a poner a cada uno en su sitio. Creo que ya lo hizo hace tiempo dando donde más os dolía. Pero yo quiero más. Quiero que paguéis por cada una de las lágrimas que he visto caer en mi casa, por cada silencio y por cada mala cara que he tenido que soportar estos dos años y pico que lleva durando esta pesadilla. Quiero que paguéis con dolor lo que yo tengo que pagar con dinero.
Podría insultaros hasta el fin de mis días y no me quedaría tranquilo. Además, siempre me arriesgo a otra denuncia, ¿no?.
Gracias a Dios, me puedo apoyar en que la vida me sonríe en otros aspectos. Gracias a todos por vuestro apoyo, y perdón por lo que tengáis que leer, escuchar y sufrir.
Pero caí y luego desperté. Y al despertar, seguía siendo yo".
Así ha empezado lo que yo llamo nuevo día. Y digo esto porque cuando duermes apenas 4 horas al día, en un horario cambiado respecto a las personas aparentemente normales, no sabes ni cuando es de día ni cuando de noche.
Esa frase es de una canción de un grupo maquetero que ha sobrevivido varios años en mi iPod, sin saber muy bien por qué. Y al oirla hoy, me he sentido totalmente identificado: Cuando pensaba que mi vida estaba remontando el vuelo, que volvía a sentirme en mi lugar, me han lanzado un golpe demoledor en plena mandíbula. Me he despertado, vaya. Y la realidad es una mierda.
La realidad es que lo que algunos llaman justicia me ha fallado. La realidad es que no puedo decir verdades, por miedo a que me castiguen. La verdad es que no puedo defender mis derechos, ni defender los derechos de otros que han sido maltratados. La realidad es que en este país, que presume de libertades allá por donde vamos, la justicia no vale para nada.
Aunque la culpa de todo la tienen unos sinvergüenzas sin ninguna educación ni escrúpulos. Unas personas que se han reido en mi cara y en la de mi familia. Unas personas que uno de los días que más nervios y malestar he sentido, no tuvieron la decencia de presentarse a dar la cara. Otro desprecio más.
Pues a vosotros tengo algo que deciros. Espero que el de ahí arriba empiece a poner a cada uno en su sitio. Creo que ya lo hizo hace tiempo dando donde más os dolía. Pero yo quiero más. Quiero que paguéis por cada una de las lágrimas que he visto caer en mi casa, por cada silencio y por cada mala cara que he tenido que soportar estos dos años y pico que lleva durando esta pesadilla. Quiero que paguéis con dolor lo que yo tengo que pagar con dinero.
Podría insultaros hasta el fin de mis días y no me quedaría tranquilo. Además, siempre me arriesgo a otra denuncia, ¿no?.
Gracias a Dios, me puedo apoyar en que la vida me sonríe en otros aspectos. Gracias a todos por vuestro apoyo, y perdón por lo que tengáis que leer, escuchar y sufrir.
23 de enero de 2010
Prohibido hablar
Juro que no va a volver a pasar. Os lo prometo. Os odio con todas mis fuerzas, me hacéis sentirme como una mierda. Pero no me permito hablar mal de vosotros. Por mucha sensación de desahogo que se me quede, no me gusta ponerme a ese nivel. No quiero contar las miserias de nadie, ni las mías propias. Y menos que las oiga alguien cuyo único juicio es el que pueda aprender de mi. Siempre he sido un defensor de las luchas equilibradas, y no me gusta apuñalar a gente por detrás sin que se puedan defender.
Estoy harto de ser tan transparente. De que las palabras se me caigan solas. De que no me pueda callar nada. He pasado de ser una persona tímida y cerrada a hablar más de la cuenta. Desde aquí, mi propósito para este año: dejar de decir tonterías, de decir lo que me salga del corazón, de la cabeza o del alma, y sobre todo, volverme a valer por mi mismo.
Esperando el día 12 de Febrero como agua de Mayo. Necesito esa parada en el tiempo.
Estoy harto de ser tan transparente. De que las palabras se me caigan solas. De que no me pueda callar nada. He pasado de ser una persona tímida y cerrada a hablar más de la cuenta. Desde aquí, mi propósito para este año: dejar de decir tonterías, de decir lo que me salga del corazón, de la cabeza o del alma, y sobre todo, volverme a valer por mi mismo.
Esperando el día 12 de Febrero como agua de Mayo. Necesito esa parada en el tiempo.
15 de enero de 2010
Delirio
No hay peor sensación en el mundo que despertarte 5 minutos antes de que suene el despertador.
Además, hoy he vuelto a soñar con esa mancha difuminada de color rojo. La que no para de moverse de un sitio para otro. Poco a poco va tomando formas más reconocibles, aunque al principio parecía otra cosa.
Es jodido levantar los párpados y que lo primero que veas es un techo blanco acolchado. Más jodido es ver que las paredes también lo están. Y ver que en vez de tu pijama pareces llevar una camisa de fuerza. Atada bien fuerte, para que por la noche no puedas tener tentaciones de abrazar...de abrazar al aire.
Mi tratamiento sigue su curso. Sólo caigo por aquí para dormir. El resto del día me dejan caminar por Madrid.
Como de costumbre me meto en el Metro y viajo hasta el fin de la ciudad. Viendo asientos ocupados por 12 personas en apenas 20 minutos; gente que no para de empujarse. Algunos duermen, otros gritan al abrirse las puertas. A veces pienso que si los animales del zoológico viesen este espectáculo, nos cederían sus jaulas amistosamente.
Como es habitual, llego a mi destino más pronto de lo que me gustaría. Por desgracia, diría. Porque por ello siempre me encuentro a uno de esos monstruos por los que me están tratando. Yo creo que este sí es real. Hay más gente que lo ve, y no hay manera de que nos lo quitemos de encima.
Pasa la mañana rápido. Organizo papeles, tacho palabras. Dibujo líneas, coloreo cuadros. Revuelvo el papel y vuelta a empezar. De vez en cuando incluso aprendo algo. No hablo con nadie. Tampoco les conozco, y quedaría raro cruzar palabras además de miradas.
Y así hasta la noche. Todos los días mi doctora se pone en contacto conmigo, para ver qué tal estoy. Yo no le digo gran cosa, pero parece que le alegra verme ocupado con otros asuntos. La fecha de alta está aun por determinar. Pero yo sé que ella me va a dar el alta antes o después. Ya me he puesto una fecha definitiva para ello. El mes de Junio. Es el mes perfecto para hacer borrón y cuenta nueva con alguien. Ella se olvidará de mi, y yo aprenderé a vivir sin sus cuidados y medicinas.
Cae la noche sobre nosotros, con mucho viento y frío. Llego tiritando a la puerta de mi nueva casa. Como ya es de costumbre, me acuesto con él. Da igual las mantas que me ponga, que meta los pies en agua caliente o que me golpee contra la cama para calentarlos. Él si que no se separa de mi nunca. Qué asco de estación, por cierto.
Lo bueno de este tratamiento es que no me han prohibido la música. Tampoco me la han recomendado, pero en mi larga lista de cosas que no puedo hacer, no aparece por ningún lado. Así que cuando soy capaz de ponerme de nuevo ese pijama con las mangas cruzadas, me pongo a hablar con ella. Es muy inteligente, y siempre tiene una palabra digna de escuchar. Ultimamente no me habla de otra cosa que de amor y cosas bonitas. No es lo que necesito oir, pero la verdad, uno se va a dormir más tranquilo así que con alguien gritando a los cuatro vientos.
Hoy me ha comentado algo parecido a esto:
"Los cuervos dicen que nunca vendrás
No puedo huir y no quiero escuchar
Por que yo siempre te voy a esperar
Clavado aquí, entre el maíz, en soledad "
Y en soledad, conseguí conciliar el sueño.
Además, hoy he vuelto a soñar con esa mancha difuminada de color rojo. La que no para de moverse de un sitio para otro. Poco a poco va tomando formas más reconocibles, aunque al principio parecía otra cosa.
Es jodido levantar los párpados y que lo primero que veas es un techo blanco acolchado. Más jodido es ver que las paredes también lo están. Y ver que en vez de tu pijama pareces llevar una camisa de fuerza. Atada bien fuerte, para que por la noche no puedas tener tentaciones de abrazar...de abrazar al aire.
Mi tratamiento sigue su curso. Sólo caigo por aquí para dormir. El resto del día me dejan caminar por Madrid.
Como de costumbre me meto en el Metro y viajo hasta el fin de la ciudad. Viendo asientos ocupados por 12 personas en apenas 20 minutos; gente que no para de empujarse. Algunos duermen, otros gritan al abrirse las puertas. A veces pienso que si los animales del zoológico viesen este espectáculo, nos cederían sus jaulas amistosamente.
Como es habitual, llego a mi destino más pronto de lo que me gustaría. Por desgracia, diría. Porque por ello siempre me encuentro a uno de esos monstruos por los que me están tratando. Yo creo que este sí es real. Hay más gente que lo ve, y no hay manera de que nos lo quitemos de encima.
Pasa la mañana rápido. Organizo papeles, tacho palabras. Dibujo líneas, coloreo cuadros. Revuelvo el papel y vuelta a empezar. De vez en cuando incluso aprendo algo. No hablo con nadie. Tampoco les conozco, y quedaría raro cruzar palabras además de miradas.
Y así hasta la noche. Todos los días mi doctora se pone en contacto conmigo, para ver qué tal estoy. Yo no le digo gran cosa, pero parece que le alegra verme ocupado con otros asuntos. La fecha de alta está aun por determinar. Pero yo sé que ella me va a dar el alta antes o después. Ya me he puesto una fecha definitiva para ello. El mes de Junio. Es el mes perfecto para hacer borrón y cuenta nueva con alguien. Ella se olvidará de mi, y yo aprenderé a vivir sin sus cuidados y medicinas.
Cae la noche sobre nosotros, con mucho viento y frío. Llego tiritando a la puerta de mi nueva casa. Como ya es de costumbre, me acuesto con él. Da igual las mantas que me ponga, que meta los pies en agua caliente o que me golpee contra la cama para calentarlos. Él si que no se separa de mi nunca. Qué asco de estación, por cierto.
Lo bueno de este tratamiento es que no me han prohibido la música. Tampoco me la han recomendado, pero en mi larga lista de cosas que no puedo hacer, no aparece por ningún lado. Así que cuando soy capaz de ponerme de nuevo ese pijama con las mangas cruzadas, me pongo a hablar con ella. Es muy inteligente, y siempre tiene una palabra digna de escuchar. Ultimamente no me habla de otra cosa que de amor y cosas bonitas. No es lo que necesito oir, pero la verdad, uno se va a dormir más tranquilo así que con alguien gritando a los cuatro vientos.
Hoy me ha comentado algo parecido a esto:
"Los cuervos dicen que nunca vendrás
No puedo huir y no quiero escuchar
Por que yo siempre te voy a esperar
Clavado aquí, entre el maíz, en soledad "
Y en soledad, conseguí conciliar el sueño.
13 de enero de 2010
La noche es sólo mía
Aquí estoy. Llevo apenas 3 horas levantado, y no he sido capaz de hacer casi nada. Me duele todo el cuerpo, y el cerebro no da para mucho más. Mañana empieza mi carrusel de examenes (que para el que no lo sepa, durará aproximadamente un mes), y la verdad, estoy bastante indiferente ante él. Sé que me estoy jugando mucho estos días, pero aun así soy incapaz de reaccionar.
Mi cabeza ultimamente oye más a mi corazón que a mi conciencia, y así pasa lo que pasa. Que no para de pensar en lo que hice, en lo que tengo ganas de hacer, y en lo que podré hacer. En imaginar mi vida según quiero que sea. Sólo hay un inconveniente: soy incapaz de arriesgarme para conseguir lo que deseo. Como he hecho siempre. Y creo que no hay cosa que más odie de mi mismo.
Aunque seguramente, y como siempre me ha pasado, las cosas se terminen torciendo por la fuerza que pongo sobre ellas. Muchas veces he pensado lo grande que sería poder entrar en la cabeza de la gente para ver lo que realmente piensa o siente hacia mí. Pero no estamos en una película de mutantes ni superheroes, asi que será mejor que me conciencie de que lo único que voy a poder leer son sus ojos. Y ellos me dicen cosas muy distintas cada vez.
Se lo dije hace poco a una persona, y os lo recomiendo a todos: no dejeis nunca de decir lo que sentís a alguien. Esa misma persona me dijo que con ello se logra hacer sonreir a los demás. Y si es bonito, ¿por qué ocultarlo? Así de paso, nos despejará las dudas a los que, como yo, desconfía de todo y confía en nada.
Pero dejando de lado las historias para no dormir de siempre, tengo poco que contaros. Mis días se pasan rápido. En Navidades, 1000 de Opencor, 500 de salir, y casi 0 de estudio. Y a partir de ahora, la escala va a ser muy distinta. 0 salir, 0 dormir, e infinito estudio. A ver si vale la pena :).
Sé que la gran mayoría de los que me leeis sois gente que está día a día conmigo (os debéis saber mis problemas más que de memoria). También sé que hay personas que leen esto porque hay una distancia gigante entre nosotros, aunque ambos sabemos que esa distancia es solamente física, y no mental. Y también sé que hay alguien que se refugia en esto para saber un poco de mí. A todos vosotros, gracias por pasaros por aquí de vez en cuando. Por darme ánimos para seguir contando aquí mis historias. Si alguno de vosotros quiere hacerme cualquier sugerencia, se lo agradeceré. Hay un buzón de sugerencias ahi abajo, en "Comentarios". Así yo no pensaré tanto en lo mismo, y vosotros sabréis (si es que os interesa) lo que yo pienso sobre algo en concreto.
3:30 de la mañana, y oyendo A Day to Remember. Mientras, todos están durmiendo. La noche aun es joven.
Mi cabeza ultimamente oye más a mi corazón que a mi conciencia, y así pasa lo que pasa. Que no para de pensar en lo que hice, en lo que tengo ganas de hacer, y en lo que podré hacer. En imaginar mi vida según quiero que sea. Sólo hay un inconveniente: soy incapaz de arriesgarme para conseguir lo que deseo. Como he hecho siempre. Y creo que no hay cosa que más odie de mi mismo.
Aunque seguramente, y como siempre me ha pasado, las cosas se terminen torciendo por la fuerza que pongo sobre ellas. Muchas veces he pensado lo grande que sería poder entrar en la cabeza de la gente para ver lo que realmente piensa o siente hacia mí. Pero no estamos en una película de mutantes ni superheroes, asi que será mejor que me conciencie de que lo único que voy a poder leer son sus ojos. Y ellos me dicen cosas muy distintas cada vez.
Se lo dije hace poco a una persona, y os lo recomiendo a todos: no dejeis nunca de decir lo que sentís a alguien. Esa misma persona me dijo que con ello se logra hacer sonreir a los demás. Y si es bonito, ¿por qué ocultarlo? Así de paso, nos despejará las dudas a los que, como yo, desconfía de todo y confía en nada.
Pero dejando de lado las historias para no dormir de siempre, tengo poco que contaros. Mis días se pasan rápido. En Navidades, 1000 de Opencor, 500 de salir, y casi 0 de estudio. Y a partir de ahora, la escala va a ser muy distinta. 0 salir, 0 dormir, e infinito estudio. A ver si vale la pena :).
Sé que la gran mayoría de los que me leeis sois gente que está día a día conmigo (os debéis saber mis problemas más que de memoria). También sé que hay personas que leen esto porque hay una distancia gigante entre nosotros, aunque ambos sabemos que esa distancia es solamente física, y no mental. Y también sé que hay alguien que se refugia en esto para saber un poco de mí. A todos vosotros, gracias por pasaros por aquí de vez en cuando. Por darme ánimos para seguir contando aquí mis historias. Si alguno de vosotros quiere hacerme cualquier sugerencia, se lo agradeceré. Hay un buzón de sugerencias ahi abajo, en "Comentarios". Así yo no pensaré tanto en lo mismo, y vosotros sabréis (si es que os interesa) lo que yo pienso sobre algo en concreto.
3:30 de la mañana, y oyendo A Day to Remember. Mientras, todos están durmiendo. La noche aun es joven.
10 de enero de 2010
Esta no es tu canción
Esta no es tu canción.
Esta no es tu canción,
no esperes que hable sobre ti.
No haré ninguna mención,
baja el volumen.
Porque no es para ti.
Esto no es para ti.
¿O qué esperabas?
Por una extraña razón
idealizamos la vida de los demás,
y aunque no sea peor,
odias la tuya.
No dejes que suene esta canción,
que toque una fibra en tu interior.
Olvidala antes de que
se te estremezca el corazón.
Esta no es tu canción.
Porque no es para ti,
esto no es para ti.
¿o qué esperabas?
No dejes que suene esta canción,
que toque una fibra en tu interior.
Olvidala antes de que
se te estremezca el corazón.
Pero si vas a escuchar,
presta atención:
Es la consecuencia del despecho y el dolor.
Si te sientes mal, es esa mi intención.
Porque tirarme a todo lo que se mueve
no me hace sentir mejor.
Skunk DF_Esta no es tu canción.
Esta no es tu canción,
no esperes que hable sobre ti.
No haré ninguna mención,
baja el volumen.
Porque no es para ti.
Esto no es para ti.
¿O qué esperabas?
Por una extraña razón
idealizamos la vida de los demás,
y aunque no sea peor,
odias la tuya.
No dejes que suene esta canción,
que toque una fibra en tu interior.
Olvidala antes de que
se te estremezca el corazón.
Esta no es tu canción.
Porque no es para ti,
esto no es para ti.
¿o qué esperabas?
No dejes que suene esta canción,
que toque una fibra en tu interior.
Olvidala antes de que
se te estremezca el corazón.
Pero si vas a escuchar,
presta atención:
Es la consecuencia del despecho y el dolor.
Si te sientes mal, es esa mi intención.
Porque tirarme a todo lo que se mueve
no me hace sentir mejor.
Skunk DF_Esta no es tu canción.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)