Esto es lo primero que escribo con mi nuevo netbook. Espero que de este salgan tan bonitas historias como guardaba en su interior el anterior portátil. Descansa en paz.
Hoy no se me ocurre mejor manera de escribir que con canciones de Fito. Hace poco rescaté el gusto por su música, aunque creo que me gusta más por lo que lleva detrás, por esa sonrisa que me sale cada vez que oigo una canción suya. Tú tienes la culpa. Esta noche es propicia para contaros historias, a oscuras, con una Coca Cola y con la cabeza hecha un lío.
Por desgracia ayer volví a dejar que el alcohol me usara de marioneta y me hiciera decir cosas que Dios sabe por qué las dije. Ni las recuerdo, ni seguramente las sienta. Así que desde aquí, pido disculpas a aquellos que tuvieron que sufrirlas. Es un enemigo bastante listo, siempre borra su huella al día siguiente. Consigue que ratos completos aparezcan en mi mente como una secuencia de cine mudo, sin lograr recordar las frases que pronunciaban mis labios ni las que escuchaban mis oidos.
Por ello, hoy me he levantado un poco desanimado. Además, era un día raro. Hoy tenía que irme a otra tienda a trabajar, y la verdad, si mi memoria no me falla, hacía casi un año que no iba a otro Opencor. Pero creo que me ha servido para darme cuenta de que, si todo se confirma según parece, no me será tan duro trabajar rodeado de completos desconocidos. Quizás se me haga hasta más llevadero. Recordadme que se lo pregunte a mis párpados cuando otro sábado más suene el despertador.
Intentando recordar todo lo que me sucedió ayer, han pasado las horas. Muy lentas, como siempre. Y justo cuando me iba, he recibido una visita inesperada. Allí estaba, año y pico después, mi amiga Montse. Fue mi jefa durante la época más bonita de este (ahora) odiado trabajo. Nos ha visto llorar, reir. Me acompañó en el momento más duro, cuando me partí el dedo. Creo que puedo afirmar que es de los pocos jefes que se han portado conmigo como amigos. Y creedme que en una empresa donde la prepotencia y el yomismismo abunda, eso significa mucho.
Me ha hecho una ilusión gigantesca verla. Saber qué tal estaba. Ver como se acuerda de todos nosotros, y ver que aun después de no vernos en muchisimo (demasiado, diría yo) tiempo, seguimos siendo capaces de reir juntos, de entendernos, y de pintar con colores vivos unas tiendas que son azules por fuera, y gris casi negro por dentro.
Además, se ha confesado lectora de este blog, y la verdad, me ha emocionado. Muchas veces pienso que estas palabras se las lleva el viento, y que la leen cuatro personas contadas, o algún naufrago de Google. Y poco a poco, veo como hay gente que me sigue, que se preocupa por mí, y lo más raro de todo, es que os gusta. Os juro que no hay nada que me haga más feliz que eso. Espero que te guste leer esto, casi tanto como a mi haberte visto y escribirtelo.
Viendo que el día se había arreglado sin esperarlo, era momento de pasear por Madrid. La última vez que lo hice fue bastante más bonito. Llevaba a Marta del brazo.
Hoy he recibido otro regalo en forma de mensaje privado de Tuenti. En él, me decían que alguien me consideraba un amigo digno de admirar, y decía que ojalá tuviera la suerte de encontrar a alguien como yo. Esas palabras han salido de una persona que conozco de 6 o 7 ratos, en los cuales más de la mitad yo iba borracho (creo que esto ya empieza a ser preocupante). Pero con el cual conseguí conectar desde un principio. Es fácil, él hace feliz a una de las personas más importantes para mí. Y esa felicidad es como si fuese mía, porque creo que no hay nada mejor que ver los ojos de tus amigos brillar de esa forma especial. Me alegro un montón de que os hayáis encontrado el uno al otro, y que yo, de paso, haya engordado mi lista de amigos con un gran chico.
Casi la una de la mañana y aun no he empezado con el trabajo de la universidad. Sigue sonando Fito en mi cabeza. Pone banda sonora a una cara, se parece a su risa. Suena a miles de momentos, cada cual más bonito. Hoy no terminaré en el sofá de ningún portal, pero seguro que duermo peor que allí.
7 de marzo de 2010
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