No hay peor sensación en el mundo que despertarte 5 minutos antes de que suene el despertador.
Además, hoy he vuelto a soñar con esa mancha difuminada de color rojo. La que no para de moverse de un sitio para otro. Poco a poco va tomando formas más reconocibles, aunque al principio parecía otra cosa.
Es jodido levantar los párpados y que lo primero que veas es un techo blanco acolchado. Más jodido es ver que las paredes también lo están. Y ver que en vez de tu pijama pareces llevar una camisa de fuerza. Atada bien fuerte, para que por la noche no puedas tener tentaciones de abrazar...de abrazar al aire.
Mi tratamiento sigue su curso. Sólo caigo por aquí para dormir. El resto del día me dejan caminar por Madrid.
Como de costumbre me meto en el Metro y viajo hasta el fin de la ciudad. Viendo asientos ocupados por 12 personas en apenas 20 minutos; gente que no para de empujarse. Algunos duermen, otros gritan al abrirse las puertas. A veces pienso que si los animales del zoológico viesen este espectáculo, nos cederían sus jaulas amistosamente.
Como es habitual, llego a mi destino más pronto de lo que me gustaría. Por desgracia, diría. Porque por ello siempre me encuentro a uno de esos monstruos por los que me están tratando. Yo creo que este sí es real. Hay más gente que lo ve, y no hay manera de que nos lo quitemos de encima.
Pasa la mañana rápido. Organizo papeles, tacho palabras. Dibujo líneas, coloreo cuadros. Revuelvo el papel y vuelta a empezar. De vez en cuando incluso aprendo algo. No hablo con nadie. Tampoco les conozco, y quedaría raro cruzar palabras además de miradas.
Y así hasta la noche. Todos los días mi doctora se pone en contacto conmigo, para ver qué tal estoy. Yo no le digo gran cosa, pero parece que le alegra verme ocupado con otros asuntos. La fecha de alta está aun por determinar. Pero yo sé que ella me va a dar el alta antes o después. Ya me he puesto una fecha definitiva para ello. El mes de Junio. Es el mes perfecto para hacer borrón y cuenta nueva con alguien. Ella se olvidará de mi, y yo aprenderé a vivir sin sus cuidados y medicinas.
Cae la noche sobre nosotros, con mucho viento y frío. Llego tiritando a la puerta de mi nueva casa. Como ya es de costumbre, me acuesto con él. Da igual las mantas que me ponga, que meta los pies en agua caliente o que me golpee contra la cama para calentarlos. Él si que no se separa de mi nunca. Qué asco de estación, por cierto.
Lo bueno de este tratamiento es que no me han prohibido la música. Tampoco me la han recomendado, pero en mi larga lista de cosas que no puedo hacer, no aparece por ningún lado. Así que cuando soy capaz de ponerme de nuevo ese pijama con las mangas cruzadas, me pongo a hablar con ella. Es muy inteligente, y siempre tiene una palabra digna de escuchar. Ultimamente no me habla de otra cosa que de amor y cosas bonitas. No es lo que necesito oir, pero la verdad, uno se va a dormir más tranquilo así que con alguien gritando a los cuatro vientos.
Hoy me ha comentado algo parecido a esto:
"Los cuervos dicen que nunca vendrás
No puedo huir y no quiero escuchar
Por que yo siempre te voy a esperar
Clavado aquí, entre el maíz, en soledad "
Y en soledad, conseguí conciliar el sueño.
15 de enero de 2010
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