5 de mayo de 2010

Tetris

Es el tercer día de la semana, y es el tercer día que no consigo llegar a clase a tiempo. Lo de hoy ya roza lo increíble, tardar una hora y 35 minutos en hacer un camino que normalmente se hace en 30 minutos. He intentado ir por un camino alternativo y aun así he llegado tarde. Algo así me pasa con mi vida en general.

Escribo esto desde mi coche, escuchando música digamos no muy alegre. Hoy es el típico día que tienes demasiado tiempo para reflexionar, mientras esquivas coches kamikazes, te paras en infinidad de semáforos y ves a través de tus cristales miles de caras cabreadas. Hoy quizás entiendo un poco más a las personas que van enfadadas por la mañana a su trabajo, a llevar a sus hijos al colegio o van a hacer la compra. Hoy odio un poco Madrid, porque va demasiado deprisa cuando no lo necesitamos, y se atasca y nos retrasa cuando llegar pronto es vital.

En ese período de conducción con el piloto automático puesto, cabeza en un sitio y sentidos en otro, he seguido dando vueltas a cosas que últimamente me inquietan. En estos últimos días, en los que siento que algo se me está yendo totalmente de las manos, me he dado cuenta de que mi vida está sostenida por unos pilares un poco inestables, siendo el primero y el peor yo mismo. Seguro que de pequeños (y no tan pequeños) habéis jugado al Tetris. Sabéis que cuando las primeras líneas no están puestas muy allá, van quedando huecos que luego son imposibles de rellenar. Pues algo así es lo que me sucede a mí. He ido cimentando mi nueva vida en valores cogidos por alfileres, que ni yo mismo estoy seguro de ellos, y que no se corresponden con los que deberían ser realmente. Si a eso le añades que echo en falta la figura de un ángel de la guarda, al que podía acudir cada vez que me sucedía algo, fuese el día que fuese, a la hora que fuera…Seguro que alguno piensa: “puedes acudir a mi cuando quieras”. Pero esas cosas sólo salen desde la confianza, y la verdad, ahora mismo creo que nadie me conoce lo suficiente para que cuando me suceden determinadas cosas yo pueda ir a que él/ella me consuele sin parecerle un bicho raro, un rayado, o demás adjetivos que alguna vez me han definido como persona.

Así que bueno, creo que va siendo hora de pegarle una patada a este castillo de cartas para derribarlo del todo, y volver a construir la base. Esa base tiene que estar construida con algo que me haga triunfar en este objetivo a largo plazo que me marqué, y es terminar mi carrera este año. Si hay piezas que debido a ello se van, será un control de calidad que, aunque me cueste reconocer, es necesario en mi vida. Y yo no tengo los cojones para decir nunca que no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario